¿Nos cuidamos como compañeras/os?

Foto de Susanne Jutzeler en Pexels

No dejo de sorprenderme porque estas dos entradas, que comparto en el siguiente párrafo, sigan teniendo el mayor número de visitas y que numerosas personas (TCAE y enfermeras, sobre todo) me sigan escribiendo comentándome lo identificadas que se sienten con lo que expongo, fruto de mi propia experiencia. Es decir, me escriben para contarme que se sienten maltratadas o ninguneadas.


Compruebo, con una mezcla inquietante de pesadumbre y rabia, que demasiadas veces el maltrato, el acoso, el desprecio... hacia las personas que aprenden en prácticas y/o las personas que acaban de llegar a un servicio (novatas/nuevas) siguen estando a la orden del día. ¿Cuánto es demasiadas veces? Pues todas las que igualen o superen a una, porque este tipo de comportamientos NO deberían suceder jamás. Son horribles para quién lo sufre y muestra la peor faceta de quien lo perpetra.
      Me da pena entender que en estos tiempos complicados fruto de la pandemia-COVID19, fruto del maltrato/ensañamiento de ciertos gobiernos autonómicos «contra» la Sanidad Pública, por cierta situación de estrés crónico que afecta a nuestro sistema de Salud desde hace lustros... haya personas que siguen sufriendo el «supremacismo profesional» (es la denominación que yo le doy a esta situación) de quienes piensan que tienen el poder de conceder -o no- a otros un sitio en el equipo y que les lleva a maltratar a alumnos en prácticas o nuevos compañeros, motivado por... ¿por qué? ¿Qué puede motivar que se maltrate a ciertos alumnos en prácticas o a compañeros que acaban de llegar a un servicio para trabajar? ¿Es que molestan, son incómodos? Pongamos que la mala actitud procede de la persona que se acaba de incorporar... pues se busca una solución entre todos, se trabaja para solventarlo de buena forma, pero NO se actúa con malas formas o desprecios.
      Nuestra profesión requiere cierto grado de empatía que nos muestre en plena humanidad no sólo dirigido a las personas que atendemos y cuidamos, sino también dirigido a las personas con las que compartimos trabajo y labor. ¿Se entiende que una persona que trabaja en un servicio de salud tenga empatía con sus pacientes y no la tenga con sus compañeros? Yo NO. Esa humanización que se encuentra desde hace años en todos los foros y publicaciones debe aplicarse de forma muy especial y concreta en nuestra convivencia con las personas que forman parte de nuestro equipo. Querer y hacernos querer.
      Insisto en el hecho de que en nuestra profesión, en mi profesión enfermera, no entiendo trabajar de otra forma que no sea en equipo, que es un concepto que va más allá de «trabajar juntos» y que implica respeto por encima de todo. Nos  necesitamos unos a otros, nos necesitamos sí o sí. Es verdad que algunas personas recién llegadas no son las «ideales» o su actitud deja mucho que desear, por ello siempre he defendido que la supervisión de cada servicio debería consensuar con enfermeras y TCAE un protocolo revisable de recepción de nuevos alumnos en prácticas y nuevos compañeros, con una serie de pautas que permitan la incorporación al servicio satisfactoria, beneficiosa tanto para el servicio y el personal que trabaja en el mismo como para las personas recién incorporadas, con medios adecuados de solventar vicisitudes... las que sean, porque cada servicio debe prever las suyas. 
      Es obligación de las Direcciones de Enfermería el establecer que esto se cumple en cada unidad y servicio, sí, y consensue las líneas generales de esos protocolos adecuados, que establezca la pauta a seguir en caso de que el personal nuevo no se adapte o no sea facilitada su adaptación de forma satisfactoria para todas las partes. Veo que en todo esto demasiados protagonistas se ponen de perfil.
   
¿De verdad año tras año debemos seguir observando con estupor que no se recibe de forma adecuada a la persona recién incorporada en un servicio o unidad? ¿De verdad debemos seguir viendo cómo no se hace nada con las personas que no hacen bien su trabajo, que no rinden al nivel necesario para el servicio, que, expresado de forma clara, tienen un morro que se lo pisan? No solventar estas cuestiones de forma adecuada lo considero una negligencia por parte de supervisión, jefaturas y direcciones de enfermería. Estos cargos son los que deben tomar las riendas para llegar a soluciones, consensuado siempre con el personal. 

Escribí los artículos arriba indicados hace ¡¡años!! y me siguen llegando mails y comentarios de personas que sufren con dolor las malas maneras, el desprecio, el acoso, el mal trabajo... por parte de quienes se creen con la sabiduría más absoluta. Escribo esto, como en su día escribí, motivado por el dolor que yo misma sufrí al ser maltratada; por ello, procuro recibir a mis nuevos compañeros como creo que se debe recibir a toda persona que llega: bien. 

Creí que con el tiempo ya no sucedería, que estos artículos quedarían obsoletos, como algo anecdótico, pero sigue pasando un año y otro... ¿Debemos quedarnos con la frase horripilante de esto siempre ha sido así?

En fin. Por favor, dentro de unos días se incorporan en servicios, unidades, plantas, en centros asistenciales de todo tipo personas que llegan con ilusión a trabajar y dar lo mejor de sí mismas. Hagamos un esfuerzo y démosles un recibimiento profesional correcto y adecuado, enseñemos a nuestros nuevos compañeros y ayudémosles a ser uno más en el equipo en el menor tiempo posible. Esto siempre será un beneficio no solo individual -para ellos, para nosotros-, sino colectivo: para el equipo y para las personas que atendemos y cuidamos a diario.

Por ahora nada más. Cuidaos, por favor...

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